Cada vez que creo perderme, mi forma de volver es recorrer mis recuerdos. Libretas de cualquier tamaño, cuadernos de tapa de tela hechos a mano en alguna feria lejos de casa, entradas de cine desdibujadas pegadas o con un ganchito, cualquier frase que me haya llamado la atención, algunas con nombres, otras anónimas, ya no distingo si eran quotes, cosas de mis amigos o invenciones mías. Todo se desdibuja como las entradas.
Me gusta encontrarme en las palabras, cuando mi atención estaba dispersa pero aún tenía intención de acomodarla, ordenarla, quererla, cuidarla. Esta semana terminé un libro y empecé dos. Extraño verme reflejada en personajes veinteañeros y soñadores, intensos. Pienso en una de las frases que anoté, allá por el 2014, "los deseos no pueden verse con atraso". Pienso en todas las right person, wrong time y, a la vez, estar en paz con eso.
Creo que lo que más miedo me da es no registrar mis propios deseos. Registro todo lo negativo, aparece la hiper vigilancia y me enredo en mis propios pensamientos, otra vez. Es como cuando pensas: no me puedo olvidar los lentes, no me puedo olvidar los lentes, no me puedo olvidar los lentes y, después de revisar por quinta vez las cosas, terminas subiendote al bondi por el color, porque el número está borroso.
Entré a mis blogs viejos, intenté encontrar mi tumblr pero fallé. Me gusta mi pequeña digital footprint, al menos de la que soy consciente. Empecé una libretita hace poco, me cuesta acordarme de anotar lo que me llama la atención pero hoy lo hice. Puede que ese sea mi auto regalo de cumpleaños (junto con los libros que compré este mes), acordarme de dejar huellitas en mi propio camino, sabiendo que siempre voy a necesitar volver.
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