domingo, 28 de junio de 2026

Llevame

El regreso a Avellaneda siempre me deja sensible, en ese tren Ezeiza/Cañuelas en que se pierde la certeza de realmente llegar a destino, no por algo violento, sino porque el mismo servicio tiene el poder de cambiar el trayecto a mitad de camino, me pongo a pensar.

Leí 60 páginas de un libro nuevo y cada año intento torturarme con una distopia, capaz para recordar que el mundo todavía puede ser mucho peor. Esta en particular es de canibalismo, debería gustarme pero está escrito de manera tan argentina que te destroza a las pocas páginas. Desde que descubrí las distopias intento leer las que más me llaman la atención, pero debería poner un límite por año.

Pienso que siempre fui buena disociando, desde chica, antes que el término se haga viral. Tengo la hermosa capacidad de abstraerme del contexto e irme a mi propio mundo. También pienso que logré mantener mis debilidades escondidas, aunque sea muy "estudiosa", no siento que eso sea un mérito, simplemente lograba enfocarme y sacar a relucir las partes donde si soy buena y darle sombra a las que no, como cuando me maquillo.

También se me cruza el pensamiento de que es un bajón ser mujer pero la pasaría tan mal siento hombre. Mi sensibilidad sería un peso aún más grande en esta sociedad. Pienso que vivo en exactitud y el mundo funciona en aproximado. Debe ser más liviano vivir en aproximado. Cuando era chiquita me gustaba dejar el volumen de la tele en números impares, nunca me gustaron los pares, capaz tan exacta no era o tal vez los números impares también tiene cierta exactitud. Duré 13 años siendo buena en matemáticas, hasta fui a olimpiadas con mi colegio, cuando empezaron a agregar letras no le encontré más la vuelta. 

Tal vez se trata de dejar pasar los pensamientos y solo mirarlos, dejar que sigan su camino. También creo que hoy entendí que quiero más de la vida, de esta vida. Antes pensaba que era menos, que yo no podía con ella, que era demasiado, a veces lo sigue siendo. Pero hoy se me cruzó el pensamiento de que soy yo la que quiere más, incluso sin maquillar debilidades, aprender a aceptar que soy humana y nada se va a escapar de mi vida por mostrar errores. Dejar de hacer malabares con cálculos que jamás voy a entender y comprender que no se puede entender todo de manera exacta, tal vez es comprender pero solo aproximándome un poquito a la realidad y que con eso debería bastar.


Llévame al fondo del mar
llévame al quiebre de un manantial
llévame donde te guíe el viento
te seguiré sin miedo a andar


domingo, 21 de junio de 2026

Cuando empecé terapia hace casi tres años, le dije a mi psicóloga dos cosas: quería vivir más liviana y lidiar de la mejor manera posible con la muerte. Fue un momento bastante importante y estaba muy sobrecargada de cosas: mi paciente estaba apagándose como una velita y era mi último año de enfermería. Empecé a evitar ir a las prácticas porque sentía que no estaba a la altura, vivía, respiraba y me ahogaba en enfermeria. A la distancia, tuve mucho valor en admitir que no podia seguir así. 

Creo que mis decisiones se encaminan más por el lado de lo que no quiero hacer que lo que sí quiero porque muy pocas veces se lo que quiero. Un poco creo en eso de que el universo ayuda y nuestro camino está marcado pero también me copa pegar volantazos y siento que lo hago cuando me veo atrapada, cuando esa negativa interna es tan fuerte que no me queda otra que buscar opciones. 

Hoy, después de muchos muchos volantazos y decisiones tomadas por la curiosidad, me siento más liviana. Confío mucho más en lo que quiero y, de a poco, voy descubriendo qué realmente quiero. A veces pienso en esa frase que dice algo como que te arrepientas de lo que hiciste y no de lo que no hiciste, pero esas cosas también te moldean e indican para dónde es el camino. Todos esos no, esas incertidumbres de laburos, casi amores, crushes, incluso mascotas que ves para adoptar y no lo haces. Todo eso son cruces que pones o te ponen que te van girando para distintos lados. 

Creo que perdí la cuenta de cuantas veces creí ver posibles sí que nunca se dieron, me da un poco de pena y nostalgia, pero siento que la vida de alguna manera me está girando para que deje de pensar en what ifs y empiece a pensar en lo que siento, en lo que quiero. 

Quiero dejar de pensar en negativas, en casi, en tal vez, en quizás, quiero abrazos y domingos de fiaca, quiero olvidarme del trabajo y estar, solo estar. Empezar a elegir desde el sí.

Siento esto como una despedida de sentimientos enterrados en mi imaginación, de esa Rocío en ambo trabajando en una clínica o en el área de cuidados paliativos, o escribiendo sobre personajes idealizados que no se acercan mucho a la vida real y que es tiempo de dejar ir. No quiero volver a perderme en mi imaginación, me gusta más la realidad.





miércoles, 20 de mayo de 2026

Las vueltas dan mucha vida

Hay una parte de mi que siempre mira para atrás. Supongo que es algo normal, espiar otros momentos de la vida cuando una está medio en una es una especie de escape ante una realidad poco motivadora, el tema es cuando se vuelve un mal hábito. También se podría decir que en mis veintis me volví una experta en romantizar situaciones, una Taylor del conurbano sin la hermosa capacidad de ella de monetizar pero sí de exagerar interacciones. Me divertía, me servía, practicaba escritura, cerraba por todos lados, hasta que me enamoré, de verdad verdad. 

En ese momento todo se volvió real y mi propia imaginación quedó completa y absolutamente eclipsada por ojos verdes que brillaban y abrazos que nunca parecían terminarse. Por primera vez, en toda mi vida, mi cerebro se apagaba, era como ponerse una frazadita cuando estás muerta de frío o, si citamos a Taylor, transformarte en su cardigan favorito. Creo que, sin darme cuenta, en ese momento de mi vida, elegí. Elegí la realidad y con eso vinieron un montón de decisiones.

Hay otra parte de mi que es muy extremista, entonces cuando elegí la realidad, fue la más real de todas: el sistema de salud. Después, obvio, me di cuenta que no me gustaba. Junto con eso, vino el dolor, el choque, la desilusión, lo que pasa con todos esos amores fuertes: el derrumbe. Y ahí me quedé con la realidad de no poder ni siquiera usar mi escudo, mi arma principal: mi imaginación. Quedé con la realidad de mis decisiones. 

Hoy, ya me hice amiga de todas esas partes mías y entiendo de dónde vienen y para qué están, gracias que existe y encontré a una psicologa que me ayudó a ver todo esto (Lu, te adoro). Pero también me di cuenta que los extremos no me sirven, tampoco mirar tanto para atrás. De hecho, cuánto más miro para atrás, más me pierdo todo lo que puede llegar a estar adelante. Muchas veces me vi muy presa de la ansiedad, de sentirme segura en ese pasado cómodo, de querer ser alguno de esos dos lados que fui y la verdad no quiero ser ninguno. Los dos son agobiantes hoy en día. 

Capaz un medio, un equilibrio, un presente sin tanta imaginación y sin tanta realidad, donde pueda escribir, imaginar, romantizar pero una versión mia, sin necesidad de otros, y tampoco dejarme llevar entera por una realidad que, aunque me dio muchísimo, también duele de la misma manera. A veces no es cuestión de pensar menos, sino de entender los patrones de pensamiento y decidir si son tuyos o de una versión vieja y yo siento que ya ahorré lo suficiente para actualizar el equipo.

lunes, 23 de marzo de 2026

Why not

Durante años y años fui perseguida internamente por los what ifs, esos eternos interrogantes que acechan las noches donde te sentís un poco más sola de lo normal o que el aleatorio de YouTube pone esa canción que te hace acordar a una persona en la que no pensabas hace mil. Pero hoy me di cuenta que lo que más miedo me da es perder esos what ifs propios, esas cosas que se me escaparon, que no me animé, que no me sentí lo suficientemente lista, inteligente o linda para hacer. Porque si soy sincera cuando depende de dos personas podés pensar que es no correspondido y listo, afecta el ego, lloras un rato, escuchas un par de canciones de Taylor y listo, pero ¿y si sólo depende de vos?

A veces me encuentro en situaciones dónde digo: la puta madre, ¿qué hago acá? si no estoy lista, no puedo con esto. Estoy con ansiedad por semanas, me empiezan los síntomas físicos y me desbordo, le pido más sesiones a mi psicóloga, que es lo más, y dejo de ver todo el camino terapéutico que hice en estos tres años. Logré mantener terapia casi tres años che, es un montón y me doy cuenta cuando Lu me dice: esto lo venimos trabajando desde tal momento, ¿no te acordás? Y no, cuando estoy en ese momento de inseguridad, me nublo y me cuesta cada hora de cada día. No puedo leer, no puedo avanzar, no puedo ver nada nuevo, solo me intento cuidar con lo básico, más este verano que fui de medico en médico.

Pero otras veces sale esa versión mía que me gustaría ser más seguido, esa que se anima y que ocupa lugar, que piensa más allá del pasado y del futuro, que se centra en lo que puede hacer ahora y hay taaantas cosas para hacer. No quiero estar cansada o no animarme a hacerlas. Ser adulto es un poco tener una libertad plagada de ansiedad y miedos que no te dejan disfrutar la libertad en si misma, muchísimo menos en el contexto de hoy en día. Es duro, pero si encima de todo, también, le doy esa parte de mi al sistema, al cansancio, a la inseguridad, ¿qué me queda?






miércoles, 18 de febrero de 2026

 


A veces me siento re molesta, como si el deseo de querer compartirme fuera pesado o estuviera desencajado. Capaz le estoy pifiando al timing, tal vez la era de la comunicación no es para mí y era más lindo cuando un chat era un chat, no el predeterminado de la actualidad. 

Me estoy empezando a obligar a despegar los ojos de la pantalla, al menos unos segundos cuando trabajo y ver cosas: la cortina, mis perfumes, la pared, una taza. Cosas tangibles, reales. Lo mismo intento hacer cuando termino de trabajar: voy afuera y camino, miro los árboles, veo las hojas moviéndose cuál hippie fumado, acaricio a mis gatas y siento que quiero esa vida, pero la virtual es necesaria, es mi trabajo, es mi educación, son mis amigos en el día a día. 

Admiro a la Ro de veinte que lloraba por todo como la de ahora pero tenía conclusiones bonitas para terminar textos. Hoy tengo mas estabilidad económica y mental pero estoy más pesimista. Vomito de pensamientos, like always.

sábado, 31 de enero de 2026

Tiempo

Los highlights de mi semana fueron entrar al vivero que abrió en mi cuadra y comer tortilla hecha por mi abuela postiza. Creo que los años de terapia están dando resultado en esos momentos donde me centro en el presente, en cuidar mis plantitas, en disfrutar la comida, en sentir el tiempo como tiempo.

El otro día vi una entrevista de Mariana Enriquez donde decía que ella lee para sentir que una hora es una hora, a mi eso no me pasa tanto leyendo sino con las películas. Tampoco con las series, con las películas. No sé si es porque ya estoy entrando en esa de romantizar mis depresivos veintes, pero fue la época donde más vi cine, con muchisima variedad gracias a mi elección de carrera. Miraba demasiado, por obligación, por placer, para salir, por lo que sea. Después vino la crisis y cero cine, pero también mi vida (como la de todos) no sólo está medio dividida por etapas de vocación y de enfermedades mentales, sino por mi relación con los distintos tipos de arte.

1990 - 2000: ansiedad, imaginación.

2000 - 2010: depresión, crisis vocacional, diseño.

2010 - 2020: depresión, cine, crisis vocacional.

2020 - actualidad: ansiedad, salud.

En mi defensa puedo decir que de algo me recibí y me gusta mi trabajo en salud, pero mi relación con el arte siempre fue rara. Con la literatura me amigué más rápido, tengo mis épocas, pero es un lugar muy seguro para mí. De hecho, si tengo que elegir tres actividades para hacer el resto de mi vida, leer estaría ahí, junto con nadar y cocinar. Pero con el cine tengo una relación amor/odio. A veces me gustaría no pensar tanto las cosas y dejar a mi ascendente en piscis simplemente ser, en lugar de darle vueltas a todo, analizar todo, intentar entender todo.

Hoy aprendí que en un mundo y una realidad que te ahoga de estímulos, de plataformas donde cada una crea un algoritmo perfectamente armado para tus gustos en ese momento y mil opciones de todo, elegir una película y brindarle toda tu atención puede ser ese escape de todo lo que te roba el tiempo en el dia a dia, que está hecho para robar tu tiempo, atención y, un poquito, las neuronas. Capaz queda en uno crear esas nuevas conexiones neuronales. ¿Para qué? ni idea, capaz sólo para sentir el tiempo como realmente es.

martes, 6 de enero de 2026

Lento

A veces hay ciertos momentos en la vida dónde te empezas a preguntar cómo estás viviendo. No hablo de los sueños enormes que una tiene de chica y la vida te va separando para después transformarlo en una diversión adulta, pero infantil a la vez, sino del día a día. Todo esto para decir que hoy fui a la guardia.

Como persona que trabaja haciendo triage, me autotriageé y me mande solita a ER, como hago diariamente con pacientes. Dudé, mi familia no es muy de guardia, gracias a la vida y a la salud no tuvimos muchas urgencias, hay cosas que quizás ameritan, pero mis viejos optan por otras opciones, sean médicos amigos o descanso. Pero yo confío en mi trabajo y mi triage estaba bien hecho, así que fui, acompañada de mamá por supuesto, porque nos apoyamos aún cuando no coincidimos en su totalidad.

Después de un cóctel de medicación copado y una orden para neurología, mi mente se calmó un poquito. Vengo dándole vuelta a esto hace bastante tiempo, de hecho, ayer lo hable con Lu: cómo quiero yo vivir mi vida. Le conté que cuando era chiquita, en mis cumpleaños, siempre deseaba lo mismo: ser buena hija, buena alumna, buena amiga. Después de un par de, bastantes, años, ya no deseo ni quiero eso, estoy media podrida de tener voces ajenas en mi cabeza, aún cuando vengan de un buen lugar. Cada persona habla, piensa y aconseja desde su propia historia y percepción y es momento de aceptar eso y estar en paz con ir para el otro lado. Escucharme un poco más a mi.

Creo que el cambio de vivir más lento pasa por ese lado, porque si quiero que mi cabeza baje un cambio no puedo tener a mi cuerpo intentando alcanzarla todo el tiempo, todos los días. Y también, volviendo a la percepción ajena, durante mucho tiempo me moldeé para los demás y tomaba muy personal el rechazo de cualquier tipo porque yo me estaba esforzando por ser así, entonces ese rechazo también era a la imagen curada de mi misma, a esa primera, segunda, quinta versión mía. 

Acabo de ver una frase (que inspiró esto) donde Francis Mallman habla de la Patagonia, primero la tenés que entender y después recién ahí, la empezas a amar y un poco quiero eso, quiero amar después de entender y que me amen después de entender. Lento y eso viene con un cambio grande de todos los aspectos.