miércoles, 20 de mayo de 2026

Las vueltas dan mucha vida

Hay una parte de mi que siempre mira para atrás. Supongo que es algo normal, espiar otros momentos de la vida cuando una está medio en una es una especie de escape ante una realidad poco motivadora, el tema es cuando se vuelve un mal hábito. También se podría decir que en mis veintis me volví una experta en romantizar situaciones, una Taylor del conurbano sin la hermosa capacidad de ella de monetizar pero sí de exagerar interacciones. Me divertía, me servía, practicaba escritura, cerraba por todos lados, hasta que me enamoré, de verdad verdad. 

En ese momento todo se volvió real y mi propia imaginación quedó completa y absolutamente eclipsada por ojos verdes que brillaban y abrazos que nunca parecían terminarse. Por primera vez, en toda mi vida, mi cerebro se apagaba, era como ponerse una frazadita cuando estás muerta de frío o, si citamos a Taylor, transformarte en su cardigan favorito. Creo que, sin darme cuenta, en ese momento de mi vida, elegí. Elegí la realidad y con eso vinieron un montón de decisiones.

Hay otra parte de mi que es muy extremista, entonces cuando elegí la realidad, fue la más real de todas: el sistema de salud. Después, obvio, me di cuenta que no me gustaba. Junto con eso, vino el dolor, el choque, la desilusión, lo que pasa con todos esos amores fuertes: el derrumbe. Y ahí me quedé con la realidad de no poder ni siquiera usar mi escudo, mi arma principal: mi imaginación. Quedé con la realidad de mis decisiones. 

Hoy, ya me hice amiga de todas esas partes mías y entiendo de dónde vienen y para qué están, gracias que existe y encontré a una psicologa que me ayudó a ver todo esto (Lu, te adoro). Pero también me di cuenta que los extremos no me sirven, tampoco mirar tanto para atrás. De hecho, cuánto más miro para atrás, más me pierdo todo lo que puede llegar a estar adelante. Muchas veces me vi muy presa de la ansiedad, de sentirme segura en ese pasado cómodo, de querer ser alguno de esos dos lados que fui y la verdad no quiero ser ninguno. Los dos son agobiantes hoy en día. 

Capaz un medio, un equilibrio, un presente sin tanta imaginación y sin tanta realidad, donde pueda escribir, imaginar, romantizar pero una versión mia, sin necesidad de otros, y tampoco dejarme llevar entera por una realidad que, aunque me dio muchísimo, también duele de la misma manera. A veces no es cuestión de pensar menos, sino de entender los patrones de pensamiento y decidir si son tuyos o de una versión vieja y yo siento que ya ahorré lo suficiente para actualizar el equipo.