Hace mucho que no me daban ganas de llorar en un 24, pero las ganas se van como vienen cuando veo esas pantallas con el primerisimo primer plano de la persona de seguridad en los edificios cada tres cuadras. Qué cosa tan distopica y horrenda. Después veo un farmacity y recuerdo que me olvidé de comprar protector solar, otra vez. Vuelvo a tener ganas de llorar.
Pienso en como cada amor o casi amor en mi vida tiene una canción de Taylor. Hoy me equivoqué, pensé que me había cruzado con alguien, podía jurar que era su voz, su forma de vestir, su manera de caminar y sentarse. Pensé durante 10 minutos que era esta persona pero no, incluso sin lentes me di cuenta que no era. Me doy cuenta que su canción de Taylor dice: I thought I saw you at the bus stop, I didn't though.
Me dio verguenza escribir en el colectivo, cualidad que me esforzaba por tener en mis veintis, amaba sentirme diferente por escribir en el colectivo y hoy me doy cuenta que salgo de un laberinto para meterme en otro. Extraño esa parte interesante de mi, me siento aburrida, repetitiva, cansada. Antes estaba desregulada y medio rota pero era interesante.
Hoy vi un hombre muy parecido a mi abuelo y me di cuenta que no sé nada de la historia de él con mi abuela, no sé dónde se conocieron, ni cómo se enamoraron, no tengo idea. Pienso en mis papás y escucho cómo se ríen, como él le lleva a ella el té de menta o jazmin a la cama todas las noches. O mi abuela postiza que me contó cómo anoche, en el insomnio, encontró una estación que solo pasaba tangos mientras hablaba con su esposo (que murió hace casi cuatro años) y siento que no se nada del amor, pero cómo me gustan las historias. Se me viene a la cabeza mi propia terquedad y pienso si entiendo mis sentimientos o si los tengo que llegar que entender. Otra canción de Taylor: and when I felt like I was an old cardigan under someone's bed, you put me on and said I was your favorite.
Tengo mucho, quizás demasiado, registro de mi misma, pero me cuesta ser honesta. Me miento para evadir y para tomar decisiones. Los grises sacan responsabilidad manteniendome en un limbo. Pienso en que logré, por ahora, lo que quería lograr y eso, a su vez, me alejó de lo que ahora extraño y siento que necesito. Hace mucho que vengo evadiendo noches sola, muy cansada para pensar, muy metida en la rutina para cambiar, muy ocupada en la lectura para escribir. Ya no lloro en colectivos, ahora lloro en terapía cuando le intento resumir a Lu lo que pasó estas últimas dos semanas de mi vida, con todo ya digerido como cinco veces en mi cabeza.
Siempre pensé al amor como un rompecabezas y ahora me siento chiquita, corriendo sin encontrar una salida. Pienso en que, quizás, me equivoqué de metáfora y cada uno está en un juego distinto, páginas con y sin química, con o sin alquimia, todo se mezcla y nunca llego a una conclusión.
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