Hay horas y días en los que no me banco, siento tanto, pienso tanto, imagino, sobre pienso, siento de nuevo y me pierdo en el caos de mis propias emociones. También pesa mucho la sobre exigencia: en el trabajo, en los hobbies, en la salud, en los vínculos, en la educación, en siempre querer más, todo el tiempo.
Capaz tengo que aprender a relajarme, pero de verdad, a tener un registro que me permita respirar profundo por unos segundos y reiniciarme. Pero siento mis emociones como un cover de Glee: dramáticas, con distintas voces estilo Ariana Grande que se superponen y que potencian todo lo de la original pero en versión pop. Así es un poco mi cabeza últimamente.
Cuando escucho esas canciones en el bondi, vienen escenas de la serie y de mi vida, la letra se acentúa y los instrumentos multiplican todo lo que está pasando por mi cuerpo. Siento mucho, cosa que no está mal pero a veces, como los últimos días, se me hace medio contraproducente.
Un duelo se me hace cuesta arriba, me tengo que permitir sentir, llorar y entender que simplemente por ahí no es, aunque mi cabeza me haya dicho por años sí. Es como tener que explicarle todo una y otra vez. Dependo de mi plasticidad neuronal, a la que, por supuesto, le tengo fe, pero está media en una.
También es un poco hacer el duelo por la versión que yo era en la relación. Estoy media cansada de duelarme constantemente. Hoy, al menos, me dijeron que soy buena contando mi propia vida, aunque no sea por escrito, todo tiene un hilo, todo tiene que ver con todo.
Quizas hay días que está bueno escuchar versiones de Glee, también capaz hay que diferenciar entre covers y covers. Hay algunos que son una explosión y otros un diálogo. Algunos reviven canciones que ya conocías y otros te hacen descubrir artistas o canciones nuevas. También hay mush ups, que mezclan canciones que ni te las imaginabas juntas. Que se yo, tal vez es una linda manera de sentir para dejar ser emociones ya de por sí enredadas.
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