domingo, 21 de junio de 2026

Cuando empecé terapia hace casi tres años, le dije a mi psicóloga dos cosas: quería vivir más liviana y lidiar de la mejor manera posible con la muerte. Fue un momento bastante importante y estaba muy sobrecargada de cosas: mi paciente estaba apagándose como una velita y era mi último año de enfermería. Empecé a evitar ir a las prácticas porque sentía que no estaba a la altura, vivía, respiraba y me ahogaba en enfermeria. A la distancia, tuve mucho valor en admitir que no podia seguir así. 

Creo que mis decisiones se encaminan más por el lado de lo que no quiero hacer que lo que sí quiero porque muy pocas veces se lo que quiero. Un poco creo en eso de que el universo ayuda y nuestro camino está marcado pero también me copa pegar volantazos y siento que lo hago cuando me veo atrapada, cuando esa negativa interna es tan fuerte que no me queda otra que buscar opciones. 

Hoy, después de muchos muchos volantazos y decisiones tomadas por la curiosidad, me siento más liviana. Confío mucho más en lo que quiero y, de a poco, voy descubriendo qué realmente quiero. A veces pienso en esa frase que dice algo como que te arrepientas de lo que hiciste y no de lo que no hiciste, pero esas cosas también te moldean e indican para dónde es el camino. Todos esos no, esas incertidumbres de laburos, casi amores, crushes, incluso mascotas que ves para adoptar y no lo haces. Todo eso son cruces que pones o te ponen que te van girando para distintos lados. 

Creo que perdí la cuenta de cuantas veces creí ver posibles sí que nunca se dieron, me da un poco de pena y nostalgia, pero siento que la vida de alguna manera me está girando para que deje de pensar en what ifs y empiece a pensar en lo que siento, en lo que quiero. 

Quiero dejar de pensar en negativas, en casi, en tal vez, en quizás, quiero abrazos y domingos de fiaca, quiero olvidarme del trabajo y estar, solo estar. Empezar a elegir desde el sí.

Siento esto como una despedida de sentimientos enterrados en mi imaginación, de esa Rocío en ambo trabajando en una clínica o en el área de cuidados paliativos, o escribiendo sobre personajes idealizados que no se acercan mucho a la vida real y que es tiempo de dejar ir. No quiero volver a perderme en mi imaginación, me gusta más la realidad.





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