Muchas veces mi cabeza se obsesiona con la perfección y así, nunca estoy preparada para lo que sea que tengo en mente y, por lo tanto, no me animo. Después me sorprendo cuando en los partidos de voley ponen la música de Misión imposible entre set y set o cuando encuentro leche baggio en mi lugar favorito de productos de limpieza. Cuando una virulana prendida fuego hace el efecto más mágico que ví en mi vida o cuando paso una semana entera escuchando una canción de Maluma. Que se yo, hay cosas que no tienen mucho sentido.
Mi psico me dijo muchas veces que mire la vida como un juego, cosa que me cuesta bastante, siento la mente pesada, pero se está abriendo, de a poco se abre y me animo. Intento cosas nuevas y le pruebo a mi ansiedad que estas últimas veces estuvo equivocada y me siento más liviana. Por primera vez, creo que tengo muchas anclas en el presente, cosas que me permiten disfrutar y quedarme en el ahora. No perderme en el pasado ni ahogarme en el futuro. Me gusta mi ahora y quiero construirlo todavía mejor, pulirlo, no seguir trabada con lo mismo de siempre. Quiero hacerme un amarre con mi presente, conmigo misma, con todo lo que se pueda crear ahora, todas esas pequeñas decisiones que construyen o destruyen la autoestima.
Quiero decir que sí a todo lo que de verdad tenga ganas de hacer aunque me asusté, me de miedo y una parte de mi piense que no estoy lista. Quiero decir que no a todo lo que no quiera hacer, con toda la sinceridad del mundo, aprender a decir que no sabiendo que esas ausencias crean espacios nuevos. Está siendo un año de registro, duelos y crecimiento, quiero que termine bien, que termine mejor de lo que imagino. Porque la verdad, ¿qué nos queda si no nos animamos a hacer lo que tenemos ganas?
Ay, quiéreme de a poco
Pero que no me dé cuenta y que nadie sepa
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