A veces mi cabeza entra en un loop eterno de preocupaciones, muchas insignificantes, otras no tanto y algunas son de esas importantes de las que cuesta despegarse cuando llegas a casa. Me cuesta sacarla de ahí cuando entra en esa, es hasta medio adictiva esa forma de pensar, te hace sentir ocupada y mal por partes iguales. Sé que el invierno es la peor estación para mí, la economía no ayuda y la aceleración que se está viviendo en general hacen de todo un cóctel que más incita a mi cabeza a entrar en ese loop. Incluso mis mecanismos de defensa son algo extraños y confusos por momentos.
Hoy fuimos a comprar huevos, Emilio (el dueño de la tienda avícola) es un señor de unos setenta años que, como buen vendedor, siempre tiene el halago perfecto. No sé si es parte de esa dinámica de barrio convertido en ciudad que a los clientes se los cuida como oro o si sabe leer muy bien a las personas, pero le dijo a Dora que tenía un ángel al lado. Siempre que voy por mi cuenta me remarca que tengo algo especial, una paciencia o empatía que es necesaria para lo que hago, pero me gusta más el halago esotérico porque de chiquita soñaba con ser un ángel. Quizás estoy cumpliendo mis expectativas de niña criada en el catolisismo por dos personas que se conocieron haciendo VOLUNTARIADO en el Cottolengo, para no salir así, media obse con el projimo.
Recién le dije a un amigo que mi mente se pone egocéntrica y las cosas más simples son las que funcionan como cable a tierra. El atardecer de ayer tiñó el cielo de un tono que cambió los colores de mi pasillo lleno de maleza, les dio a los yuyos un color verde casi fosforescente que era increible, postal conurbanesca. El cielo siempre me baja a tierra. Lo mismo que ver a mis gatas o pensar en que cuando dejo que la vida me sorprenda es mucho más linda y en serio me sorprende. A pesar de los días dificiles todo se está moviendo, no sé para qué lado y tampoco me importa, pero se mueve.
Me voy a concentrar en las pocas cosas que me gustan del invierno: las sopitas y comidas super calientes, quedarme cerca de la estufa con mis gatitas y sentarme del lado del solcito en el 17 y leer (ja) hasta llegar al trabajo, vamos a ignorar todos los "peros" que empiezan a aparecer en mi cabeza y confiar un poco en el universo, la vida o lo que sea que esté jugando al sims con nosotros.
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