Durante años y años fui perseguida internamente por los what ifs, esos eternos interrogantes que acechan las noches donde te sentís un poco más sola de lo normal o que el aleatorio de YouTube pone esa canción que te hace acordar a una persona en la que no pensabas hace mil. Pero hoy me di cuenta que lo que más miedo me da es perder esos what ifs propios, esas cosas que se me escaparon, que no me animé, que no me sentí lo suficientemente lista, inteligente o linda para hacer. Porque si soy sincera cuando depende de dos personas podés pensar que es no correspondido y listo, afecta el ego, lloras un rato, escuchas un par de canciones de Taylor y listo, pero ¿y si sólo depende de vos?
A veces me encuentro en situaciones dónde digo: la puta madre, ¿qué hago acá? si no estoy lista, no puedo con esto. Estoy con ansiedad por semanas, me empiezan los síntomas físicos y me desbordo, le pido más sesiones a mi psicóloga, que es lo más, y dejo de ver todo el camino terapéutico que hice en estos tres años. Logré mantener terapia casi tres años che, es un montón y me doy cuenta cuando Lu me dice: esto lo venimos trabajando desde tal momento, ¿no te acordás? Y no, cuando estoy en ese momento de inseguridad, me nublo y me cuesta cada hora de cada día. No puedo leer, no puedo avanzar, no puedo ver nada nuevo, solo me intento cuidar con lo básico, más este verano que fui de medico en médico.
Pero otras veces sale esa versión mía que me gustaría ser más seguido, esa que se anima y que ocupa lugar, que piensa más allá del pasado y del futuro, que se centra en lo que puede hacer ahora y hay taaantas cosas para hacer. No quiero estar cansada o no animarme a hacerlas. Ser adulto es un poco tener una libertad plagada de ansiedad y miedos que no te dejan disfrutar la libertad en si misma, muchísimo menos en el contexto de hoy en día. Es duro, pero si encima de todo, también, le doy esa parte de mi al sistema, al cansancio, a la inseguridad, ¿qué me queda?
