Creo que pasé tanto tiempo con adultos mayores que hay ciertas cosas que comencé a analizar sin darme cuenta y entendí que, antes, el sacrificio era algo para decir con orgullo. Puede ser porque las situaciones a las que se enfrentaban eran de una crueldad dificil de imaginar hoy en día, no es que no estén conscientes de eso, sino que de alguna manera usar el sacrifio como estandarte era lo que tenían. Hay tanto injusto en esa mentalidad, tanto latigo propio que se hace complicado ignorarlo una vez que entendés (aunque sea la superficie) de eso.
Después de una carrera en arte, otra en salud, cursos, libros y una curiosidad molesta y eterna, estoy intentando no darle tanta vuelta a absolutamente todo y con eso viene esta mentalidad de sacrificio. A veces pienso que la vida adulta es bastante solitaria aún saliendo todos los findes, teniendo charlas constantes e imprevistas con amigas y amigos, conocidos y familiares. Extraño un poco la profundidad exagerada de los veinte, ahora es todo más claro y calmo pero hay cierta intensidad de esa época que, capaz, puede ser, esté empezando a romantizar.
De todas maneras creo que nunca nadie va a terminar de entender, no porque no tengan la capacidad o ganas, sino porque no hay nadie que se entienda como una misma a una misma. Puede que una buena psicologa sí y la mía es excelente, pero siento que esta soy yo intentando tener este tipo de pensamientos en algún lado, ya no escribo para vaciarme por desborde, sino para comprender un poco las lucecitas que iluminan mi mente. Bien.
No quiero vivir una vida sacrificada, quiero caminar lento y hablar mucho. No quiero tener ataques de pánico, quiero poder enfrentarme a todo lo que me da miedo sin esa ansiedad excedida. No quiero que la calma se confunda con aburrimiento, quiero encontrarme y quedarme ahí. No quiero sentir que mi mente tiene límites, pero sé que entender que los tiene es un gran paso, es un poco como eso de que cuanto más sabés, más consciente sos de todo lo que no sabés. Le exijo mucho a mi cabeza y puede que esas lucecitas quieran descansar un poco.
Ayer me di cuenta que soy cliché. Una amiga, gran y variada lectora, me recomendó un fanfiction. Algo extraño porque ella no es de ese mundo, pero se obsesionó y yo estaba necesitando una historia así, una obsesión nueva. Creo que es de público conocimiento mi amor casi incondicional por los Gryffindor y Hufflepuff en cuanto a los sujetos masculinos que me suelen atraer, pero ay, una buena historia puede hacerte desear profundamente un buen Slytherin eh. Nunca entendí esa frase de "el heroe te mataría para salvar el mundo, pero el villano prendería fuego el mundo para salvarte a vos" hasta ahora. Lo que hace un buen fanfiction. Igual, nunca voy a caer en el señor Darcy así que todavía tengo un poco de orgullo en mi.
Aún así, leer una historia ambientada en una guerra donde la protagonista es sanadora y está constantemente sacrificandose a si misma por el bien colectivo cuando a su alrededor son todos bastante inutiles, no hizo mis momentos de ocio muy relajantes que digamos. Estar todo el día con llamados de triage quema la cabeza y la pesadez de la historia no ayudo mucho a mi ansiedad general. Capaz sólo necesitaba vaciarlo en algún lado, ya le estoy tomando cariño a esa Rocío de veinte tan extremista, miserable y entusiasmada. Ojo, me encanta mi versión actual pero, que se yo, encontrarme queriendo entablar comunicación con un Slytherin es un poco desestabilizante para mi persona.